Che, pará un poco la pelota. En medio del quilombo de lanzamientos digitales, singles que duran un suspiro y playlists que cambian más rápido que el clima, Lali Espósito hace una jugada de otro partido: acaba de lanzar su último disco, el homónimo “LALI” , en formato vinilo. Y no, no es un capricho retro ni un simple objeto de merchandising. Es una declaración de principios.
A ver, seamos sinceros. Hoy, que un artista de la masividad de Lali decida apostar por el vinilo es todo un gesto. Estamos hablando de la reina del pop argentino, una mina que mueve millones de streams y llena estadios. Podría vivir tranquilamente en el universo de Spotify y TikTok, pero elige darle a su música un cuerpo, un peso, una presencia física. Es un mensaje claro: este álbum no es descartable. Es una obra completa, pensada para ser escuchada de principio a fin, como se hacía antes.
Un cachetazo a la era del skip
El regreso del vinilo no es joda. Es una tendencia mundial que acá, en Argentina, tiene un sabor especial. Somos un país con una historia de rock y pop grabada a fuego en los surcos de los LPs de Charly, Spinetta y Soda Stereo. Que ahora sea Lali, la figura que define el sonido pop de esta generación, la que recoge ese guante, es potentísimo. Conecta su propuesta, súper actual y anclada en el 2024, con una tradición de respeto por el formato álbum.
El disco “LALI” fue un antes y un después en su carrera. Un trabajo donde se plantó con un sonido más afilado, letras que no piden permiso y una identidad visual demoledora. Temas como “Obsesión”, “Cómprame un Brishito” o el himno “Quiénes Son?” pedían a gritos un formato que estuviera a la altura. La experiencia de sacar el disco de su sobre, sentir el arte de tapa en tus manos y poner la púa sobre el primer track es algo que ninguna playlist te puede dar. Es un ritual.
Para los fans, por supuesto, es un objeto de deseo absoluto. Una pieza de colección que va a estar en la repisa como un trofeo. Pero la lectura más profunda es sobre el lugar que Lali ocupa hoy en la industria. Este movimiento la pone en la misma liga que las grandes estrellas internacionales como Taylor Swift o Harry Styles, para quienes los lanzamientos en vinilo son eventos masivos que reafirman su estatus. Es Lali diciendo: “Mi música tiene este valor. Este es mi legado y quiero que perdure”.
En un contexto donde la música urbana y el trap dominan desde lo digital y lo efímero, esta apuesta por lo tangible es un golazo. Es bancar el laburo de estudio, el concepto detrás de un proyecto y, sobre todo, bancar a ese oyente que todavía busca una conexión más profunda con el artista. Así que sí, el vinilo de Lali ya está dando vueltas por ahí, y es mucho más que un disco bonito: es la prueba de que el pop argentino, cuando se lo propone, juega en primera y con la camiseta bien puesta.